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lunes, 31 de octubre de 2016

Habla la primera dama siria, Asma: "No se me pasó por la cabeza huir"

Asma y Bashar Asad, en una imagen de enero de 2016 suministrada por la agencia estatal de noticias siria. 
Hace diez años llevaba zapatos Louboutin, joyas y ropa occidental. La llamaron 'flor del desierto' y por un momento encarnó la imagen de la Siria reformista de Bashar Asad, con quien se casó al poco de acceder éste al poder en 2000. Hoy es una primera dama en guerra, o eso dice su Instagram: la ropa de marca ha dado paso al negro de luto, aparece arremangada al lado de desplazados, seria y con el pelo -¿cuidadosamente?- descuidado. Asma Asad (41), nacida en Londres en el seno de una familia acomodada de sirios, trata de convencer a través de los ojos, pero por primera vez ha roto el silencio que se había impuesto durante la guerra."He estado aquí desde el principio y nunca se me ha pasado por la cabeza irme o huir a otra parte, en absoluto", ha dicho en una entrevista con el canal de televisión ruso Rossiya 24, donde trata de presentarse como una siria más resistiendo el avance de los terroristas y el aislamiento internacional.
El cuento de hadas que empezó a raíz de su discreta relación con su viejo amigo Bashar Asad, entonces hijo del líder sirio Hafez Asad, se ha transformado en una historia bélica difícil de tragar para una niña bieneducada en el King's College de Londres.
Esta es la primera vez en ocho años que la mujer de Asad da una entrevista a la televisión. Y lo ha hecho para dejar claro que no saldrá de Siria y que se mantendrá al lado de su esposo. Con sus activos en el extranjero congelados y la amenaza constante de los rebeldes, Asma dice consagrarse a organizar, utilizando su puesto de primera dama, "la ayuda para los desplazados y heridos, también para los soldados sirios y para las familias de los mártires que han muerto en la guerra". El conflicto ha causado más de 400.000 muertos desde su estallido en 2011, según cifras de la ONU.
Desde las primeras protestas, que prolongaron la actual guerra civil, ha rechazado "ofertas" para salir de la nación azotada por una guerra civil de cinco años. "Sí, me ofrecieron la oportunidad de salir de Siria o, más bien, de huir de Siria. Estas ofertas incluían garantías de seguridad y protección para mis hijos e incluso seguridad financiera", declara en un perfecto inglés británico que contrasta con el áspero acento árabe de algunos de los portavoces presidenciales.
Asma cree que quienes hacían este tipo de ofertas estaban tratando de socavar el liderazgo de su esposo. "No hace falta ser un genio para saber qué es lo que busca esta gente, nunca fue por mi bienestar ni por el de mis hijos". Se trataba, dice ella, de un "intento deliberado de destruir la confianza del pueblo en su presidente",asegura. "Todo el mundo está en riesgo, ¿por qué tendría que ser distinto en mi caso? Sería hipócrita", dice Asma, que dice haber rechazado "vivir con miedo" y cree que no podría pedir a los sirios "que sigan adelante con sus vidas" si ella no lo hiciese.
En la entrevista, Asma Asad habla con serena amargura de la famosa imagen de Aylan, el niño ahogado en la costa turca en 2015 tras huir del país, recordando que hay muchos más dramas infantiles en los distintos focos del conflicto sirio. "Occidente clasifica a los niños en función de cómo piensan sus padres y si cuadran con su agenda informativa, pero son todos niños de Siria".
El caos que tiene a su alrededor tiene poco que ver con el paisaje que la rodeaba antes de darle un giro a su vida en 2000.
Asma, que es musulmana sunita, estudió en un colegio privado para niñas. Arrancó su carrera como banquera en la City. Su padre era cardiólogo en una clínica privada. Su madre, Sahar, era diplomática y había sido primera secretaria en la embajada siria en Londres. Allí conoció a su esposo. Bashar se había graduado en Medicina en Damasco y estaba en la capital británica haciendo la especialización de Oftalmología.
Hoy su esposo está en la diana de la opinión pública internacional por las masacres de civiles. Pero si le dan a elegir entre una salida segura o quedarse junto a su marido, la respuesta la tiene clara: "No es una cuestión de preferencia. Estoy con él porque mis convicciones así me lo dictan". Preguntada sobre si Asad sigue siendo la misma persona con la que se casó, lo define como un hombre "muy tranquilo, alguien que a pesar de la carga que lleva sobre sus hombros se entrega mucho" a sus tres hijos.
¿Y ella? Presume de ser una resistente más, hasta el punto de que decidió llevar a sus hijos al colegio el día en el que Damasco sufrió uno de los ataques que conmocionaron a la ciudad en 2012: "Íbamos de camino a la escuela y mi hijo pequeño [que entonces tenía siete años] me preguntó si le quería, pero mi intención no era ponerlo en peligro sino que supiesen lo que significa afrontar los miedos y mantenerse firmes en sus convicciones".

Un otoño más oscuro en Siria

El desprecio por el derecho internacional humanitario la complejidad del juego de relaciones entre los actores en conflicto y el bloqueo entre EEUU y Rusia complican una solución a la guerra. La diplomacia europea debe implicarse.

  • Cada día que pasa sin resolver el conflicto de Siria, la situación se hace más compleja y las perspectivas de futuro más oscuras. La tragedia que viven los habitantes de Alepo a diario es el máximo exponente de la sinrazón a la que se ha llegado. La ruptura de la última tregua, acordada entre Estados Unidos y Rusia, ha sido particularmente dura por tener lugar durante la Asamblea General de Naciones Unidas, con todos los líderes mundiales reunidos.

Hay tres aspectos especialmente dramáticos de la evolución de la guerra en Siria que harán más compleja la reconstrucción tras el fin del conflicto. En primer lugar, el desprecio por el derecho internacional humanitario. El bloqueo de la ayuda humanitaria y los ataques a civiles y lugares especialmente protegidos por la legalidad internacional, se han convertido en estrategias bélicas. No solo no se respetan las normas básicas sino que los lugares que más protección merecen son, precisamente, objetivos de guerra. Solo desde el pasado mes de abril hemos asistido a docenas de ataques a hospitales sirios y se ha impedido la llegada de ayuda humanitaria a poblaciones asoladas por los ataques. Lamentablemente, estos hechos —que pueden constituir crímenes de guerra— no son nuevos. Según la organización Médicos sin Fronteras, en 2015 sus instalaciones médicas en Siria sufrieron 94 ataques. Como consecuencia, 23 de sus trabajadores perdieron la vida y 58 resultaron heridos. A pesar de que, en el mes de mayo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobara una resolución pidiendo el respeto del derecho internacional humanitario, los propios miembros permanentes se acusan respectivamente de vulnerarlo. En Alepo, muchos de los hospitales han tenido que cerrar por ser objetivos de la terrible ofensiva que está sufriendo la ciudad.

El segundo elemento a destacar es el complicado mapa de actores que habrá que tener en cuenta para lograr la paz. La composición de las partes en el conflicto ha cambiado mucho desde el inicio, pero últimamente la fragmentación de los partidarios y detractores de Bachar el Assad se ha hecho más evidente. La decisión del grupo Jabhat al Nusra (ahora conocido como Jabhat Fateh al-Sham) de desvincularse de Al Qaeda, ha logrado que otras facciones rebeldes, que rechazaban sus vínculos con Al Qaeda, formen ahora alianzas con ellos. Este acercamiento entre los grupos les fortalece militarmente, a la vez que desdibuja la separación entre rebeldes y radicales.

Tristemente, la reagrupación, junto con el debilitamiento de grupos rebeldes alejados de Al Nusra, ha brindado al régimen sirio la oportunidad de enfatizar que el Gobierno de Assad está librando una guerra contra el terrorismo en Siria. En el transcurso de la Asamblea General de Naciones Unidas, el ministro de exteriores sirio, Walid al-Mualem, acusó a Estados Unidos, y a la coalición de aliados, de ser cómplices de organizaciones terroristas y militantes del Estado Islámico. Mientras hace unos meses la discusión sobre cómo lograr la paz se centraba en la figura de Bachar el Assad, y su inclusión o no en un Gobierno de transición, actualmente las miradas están puestas en el antiguo Al Nusra. No obstante, entre los partidarios de Assad también hay divisiones y fragmentación. Actualmente hay, además del ejército ruso, una multitud de grupos sirios, iraquíes, iraníes y afganos que luchan en favor del régimen, pero manteniendo intereses distintos. Entre otros, Assad quiere mantenerse en el poder, Rusia demostrar su peso como gran potencia y su capacidad de resistir ante la oposición de Estados Unidos, e Irán quiere aumentar su arco de influencia en la región y lograr una salida al Mediterráneo. Con el fin del conflicto armado las distintas posturas serán aún más manifiestas.
El último gran obstáculo en la senda hacia la paz en Siria es el bloqueo entre Estados Unidos y Rusia. La ruptura de tantas treguas durante los últimos meses ya indicaba la falta de confianza entre las partes. Pero, como ha señalado Dmitri Trenin, las consecuencias de esta última tregua vulnerada son aún más preocupantes: Estados Unidos y Rusia han roto las negociaciones bilaterales y pone en peligro los acuerdos nucleares entre ambos. Por el momento, tras haber sido acusado de cometer crímenes de guerra, Moscú ha suspendido el acuerdo sobre el uso del plutonio y ha condicionado la reanudación del mismo a la compensación por los daños que las sanciones por su actuación en Ucrania han causado al país.
Estados Unidos se encuentra en una situación de gran incertidumbre. Por un lado, la recomposición de los grupos rebeldes y la ruptura de las conversaciones con Rusia complica su participación en el conflicto; por otro, el breve tiempo que le queda a la Administración Obama hace casi imposible cualquier cambio de rumbo. La batalla por Alepo, de vital importancia para la eventual victoria de Assad, se está librando en pleno desarrollo de la campaña electoral norteamericana en la que la política exterior ha sido ensombrecida.
Tras más de cinco años de conflicto no cabe pensar en replegarse sin lograr una solución. El nuevo mapa de actores complica las conversaciones de paz y desequilibra a las partes, sin embargo, no se puede perder de vista que todos los grupos, de una u otra manera, deben participar en el proceso de paz si se pretende que ésta sea estable y duradera. De igual modo, para reconstruir el Estado sirio, tendrán que depurarse las responsabilidades por los crímenes cometidos por todos los actores en el conflicto y éste será uno de los puntos más costosos de las negociaciones de paz. Para esta labor, se necesitan líderes comprometidos, dentro y fuera de las fronteras sirias. Las elecciones norteamericanas pueden ser decisivas, pero la experiencia de estos años de guerra nos demuestra que Estados Unidos y Rusia no están siendo capaces de lograr un acuerdo.
Los líderes europeos debieran implicarse en el desbloqueo de las negociaciones. Ha sido un error, por parte de los europeos, dejar pasar estos años sin una mayor implicación en unas conversaciones cuyo resultado es tan importante para nuestra seguridad y nuestros intereses, además de una responsabilidad frente a los ciudadanos sirios. La Unión Europea tiene que desplegar ahora toda su capacidad diplomática y humanitaria, con todas las partes implicadas, para poner fin cuanto antes a la violencia y empezar la senda de la reconstrucción de Siria.

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